Hoy no escribiré ni de política ni de economía. Esta nota surge del corazón hacia mi cerebro y de allí hacia estas breves reflexiones.
Gracias a la denuncia de Thelma Fardín, un conflicto social sordo y mudo saltó a la superficie y tomó sonido y voz.
Escuché un viejo reportaje a Enrique Pinti en el cual el brillante actor intentaba poner en contexto el tema de la mujer, nos contaba que de chico escuchó una conversación entre sus dos tías que más o menos decían, refiriéndose a una amiga: “Esa lo que necesita es que su marido le pegue una buena paliza”. Sí, así como lo escuchan.
Escuché de una conocida que me decía: “Si las cosas siguen así, los hombres dejarán de mirarnos”. Escuché decir: “¿Género? Eso es una tela, yo lo que tengo es sexo, no género”. Escuché decir: “El lugar, la mujer se lo gana en la vida, no con la protección legal”.
Escuché a Thelma. Y escuché a mis dos hijas menores que piensan distinto que su hermana mayor y que sus nueras.
Lo primero que me surge compartir es que hoy conviven cuatro generaciones, demás está decir que siempre las más jóvenes son las que dejan la impronta para que las nuevas tomen el camino hacia la evolución irrefrenable.
Hay una trampa en el concepto anterior, una palabra fundamental, conviven. De eso se trata, es imposible pensar que la relación entre el hombre y la mujer no evoluciona hacia la total igualdad, pero, como todo, es un proceso.
A los abusadores, a los violadores, primero, la mayor pena, que es el destierro moderno, que es la condena social. Luego llegará lenta pero implacable la justicia. Que va a haber algún error, seguro, los hubo en todos los casos de cambios a lo largo de la historia. También erran los jueces. Es el precio del cambio, pero serán mínimos.
Si ubicamos el origen de estos cambios, seguramente nos ayudará a transitarlos con mayor comprensión y convivencia. La feliz pero significativa pérdida de enfrentamientos armados de cuerpo a cuerpo ha motivado un cambio social en los roles de las mujeres y de los hombres. La participación en las guerras de infantería dio al hombre una presunta prevalencia.
La tercera y cuarta revolución industrial han eliminado la fuerza física como un elemento distintivo, tanto en la guerra como en el trabajo. Hoy no importa si se es hombre o mujer para la gran mayoría de los trabajos disponibles.
El cambio fue tan brutalmente rápido que las leyes, las normas y las empresas corren de atrás. Los hombres, que tenían en el ámbito laboral su zona de confort, hoy se enfrentan a una competencia difícil de aceptar. Los hogares dejaron de ser el terreno de dominio del hombre.
El hecho de que no será la fuerza física el elemento distintivo causará dos efectos, la mujer alcanzará el desarrollo físico que antes no tenía y el hombre dejará de preocuparse de esa aptitud como base de su afirmación como sujeto social.
Desde el otro lado, la afirmación de la mujer se basaba en lo que se llamaba la “femineidad”, pues bien, las mujeres dejarán de preocuparse de que eso sea lo que le dé su lugar y al hombre cada día más le preocupará que su aspecto sea más agradable a los ojos de las mujeres.
A esta altura los jóvenes me estarán advirtiendo que ya la ley argentina reconoce como género a trans, gay, lesbianas y bisexuales, pido comprensión, esta nota es para hablar de la violencia del hombre con la mujer, no pretende avanzar sobre el tema de la discriminación, me siento poco informado e incapaz, pero absolutamente comprensivo e inclusivo en ese área.
Con la cuarta revolución industrial nos encaminamos a que la industria del ocio sea la que más empleo dará. Sin duda, los medios audiovisuales en todas sus expresiones fueron, son y serán la punta de lanza en la necesaria comprensión y adaptación en la evolución cultural y social.
Por esto es que Thelma pudo abrir en nuestro país la válvula que dio salida al torrente de verdades. Habrá retrógrados que intenten negar lo innegable, tengo casi 70 años y la vida me llevó a participar de muchas y diferentes actividades, y en muchos y diferentes ámbitos. En todos, vi, escuché y por suerte tuve la convicción de no participar, de abusos y violaciones.
Escuchando a Eva Giberti en la radio me anoticié de que el sexo oral no consentido es violación para nuestra legislación, eso generó un vuelco enorme en mi vida. Mi vara de comprensión hacia gente que me rodeó y que me rodea se corrió. Mi tolerancia cambió.
Por eso en este momento grito con toda mi voz: Gracias, Thelma.
Los ámbitos en los cuales ese acto de violación asquerosa se practica cruza transversalmente a toda la comunidad, desde todas las oficinas gubernamentales hasta los colegios y clubes de menores.
Por eso en los próximos días veremos multiplicarse denuncias y más denuncias, la condena social será la primera y la peor de las penas.
Ruego que los errores sean lo menos, pero con mucha mayor fuerza pido que no se detenga. Nacerá otra sociedad y con ella otra Argentina luego de que el proceso decante.
Por eso le pido a todas las Thelmas que no cedan un milímetro, que avancen por el bien de todos, pero que no dejen de comprender que conviven con otras tres generaciones que se formaron en otra cultura.
Porque el vicio de la política es algo que me acompaña, acoto, entre Thelma y Bonadío, una nueva nación asoma. Gracias, Thelma.
El autor es ex presidente de la Empresa Social de Energía de la Provincia de Buenos Aires (Eseba), ex presidente de Asociación de Distribuidoras de Energía Eléctrica de la República Argentina (Adeera).
FUENTE: INFOBAE NOTICIAS
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