El dibujante Miguel Fernández reivindica el humor clásico español a través de un pelmazo

Jose Oliva

Barcelona, 3 dic (EFE).- El dibujante Miguel Fernández reivindica “el humor clásico español, el de los Álvarez Quintero, el de los historietistas de Bruguera”, pero también el de Kenneth O’Toole o Tom Sharpe, a partir de Serafín Tostón, protagonista de su libro “Disquisiciones de un pelma”, publicado por la editorial malagueña Azimut.

En una entrevista con EFE, Miguel Fernández (Badalona, 1963) explica que “el libro nació con la necesidad de volcar muchas ideas que tenía en mente y enfocarlas de una forma humorística”, porque considera que “los libros de humor son hoy muy necesarios”.

Recuerda que durante los años 30, en los 50 o en la década de los 70 del siglo pasado “se hacían muchas cosas de humor, novelas, cuentos, historietas, teatro, con las que la gente se desintoxicaba y la vida actual es tan complicada, nos apalea tanto en muchos sentidos, que el humor es muy necesario”.

En ese marco, Fernández construye el personaje de Serafín Tostón, inspirado en “un personaje que leíamos en los tebeos cuando éramos pequeños, Don Pelmazo, que daba la vara a todo el mundo, pero con la particularidad de que les arruinaba todos los planes” y, en ese sentido, su personaje es “un pequeño homenaje al que quizá fue el mejor dibujante de Bruguera, Raf”.

Desde la óptica de ese pelmazo, Fernández examina los hábitos actuales a los ojos de un señor de unos setenta años que padece incontinencia verbal y “aunque no todos sus puntos de vista son defendibles, no hace sangre de nadie, sino que transmite una inmensa ternura a la par que ironía”, subraya el editor Francisco Javier Rodríguez Barranco.

Aprovecha Fernández todas las disquisiciones y diatribas de su personaje para “analizar cómo hemos cambiado, cómo éramos antes y cómo somos ahora y, aunque esa no era la intención inicial, también se cuela la nostalgia”.

El dibujante, que lleva desde los 17 años dedicándose al cómic y a la ilustración de manera profesional, alternando sus labores de dibujante y guionista especializado en Disney con colaboraciones para franquicias como Mattel, Fox, Playmobil o Lego, confiesa que “la nostalgia es algo inevitable”, que ya se filtró en su anterior libro, “Aquellos maravillosos kioscos” (Edaf, 2016), en el que era coautor e ilustrador.

Admite que “la nostalgia toca siempre la fibra del lector”, pero su intención es “hacer un ejercicio de divertimento sin dejarse atrapar por la nostalgia, porque es bonito recordar, pero también reírnos de cómo éramos antes”.

Un ejemplo es esa situación en que Serafín no entiende que tenga que escoger entre tantos desodorantes distintos, de diferentes marcas, versiones y formatos, cuando él ya se apañaba con bicarbonato. Acaba concluyendo que en una gran superficie “no compras lo que quieres, sino lo que quieren que compres”.

Serafín Tostón expresa su miedo a las nuevas tecnologías, que ve con todas las prevenciones del mundo, y “aunque tiene un móvil con unos números grandes y sin pantalla táctil, simplemente para cosas muy urgentes, lo suyo es la comunicación directa, coger su bastón y plantarse en la cola del autobús, en el supermercado, en un centro comercial o, de manera especial, en los parques públicos, para buscar a una víctima propicia para soltarle sus inacabables rollos sobre la vida en general”.

Aunque el boom de la Inteligencia Artificial se ha producido mucho después de la escritura del libro justo antes de la pandemia, Fernández está convencido de que “Serafín desconfiaría de ella igual que no le gustan esas películas que hablan de una inteligencia que acaba dominando el mundo y los robots acaban controlando al ser humano. Él mismo cree que eso va a pasar ya, acabaremos esclavizados por las máquinas”.

Fernández expresa su deseo de convertir a Serafín Tostón en una serie, algo que dependerá de la respuesta que tenga el libro: “Mi plan sería hacer unos cuantos volcados más de fobias con unos cuantos apartados que quedaron fuera en el primero, y luego estoy trabajando en una historia en la que Serafín y su amigo Benito, que es otro jubilado, desarticulan una red de espionaje sin entender ni saber cómo”, una trama que puede recordar “El Club del Crimen de los Jueves”, de Richard Osman.

El autor ha encabezado cada capítulo con una ilustración propia pero no contempla hacer una versión novela gráfica con el personaje, “más que nada por pereza”, pues ahora se divierte más escribiendo. EFE

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