Caso Camila: por qué la policía de Taxco no llevó a Ana Rosa al hospital

Una mujer, que murió después, es sacada a la fuerza por una turba de personas de un vehículo policial al ser señalada como sospechosa del secuestro y asesinato de una niña de 9 años, en Taxco, México, el jueves 28 de marzo de 2024 (AP Foto/Fernando Llano)
Una mujer, que murió después, es sacada a la fuerza por una turba de personas de un vehículo policial al ser señalada como sospechosa del secuestro y asesinato de una niña de 9 años, en Taxco, México, el jueves 28 de marzo de 2024 (AP Foto/Fernando Llano) (Fernando Llano/)

El secuestro y muerte de Camila Gómez presuntamente a manos de una de sus vecinas causó gran indignación a nivel nacional, no sólo por tratarse de una niña de 8 años cuyo cuerpo fue localizado un día después de su desaparición en Taxco, Guerrero, en un paraje cerca de los límites con el Estado de México: la muerte de su presunta victimaria, Ana Rosa, también genera dudas en el actuar de la policía y la ausencia del Estado de Derecho.

Han sido múltiples los videos del linchamiento de Ana Rosa a manos de una furiosa comunidad de Taxco: “Las niñas no se tocan” le gritaban algunas de las personas que la pateaban en el cuerpo y la cara ante la mirada atónita de pobladores que no participaron en la golpiza y de los propios policías que poco hicieron para ponerla bajo resguardo.

Ana Rosa ya estaba arriba de la patrulla 57044 cuando mujeres y hombres la jalaron de los pies y la tiraron -junto a un uniformado- al suelo; de inmediato llegaron las patadas -los gritos nunca pararon-, pero logró levantarse y subirse a la unidad de la Policía Municipal.

Instantes más tarde una mano le jala los cabellos mientras un hombre se sube a la patrulla y comienza a patearle la cara, otro vecino lo releva y da puñetazos en el rostro de Ana Rosa, más manos aparecen en escena y logran tirarla de la patrulla; algunos gritan ¡bravo! y empiezan la golpiza harto difundida en redes sociales. Toda esta escena es mirada por los policías que estaba a escasos centímetros.

Imposible detener la furia que clama justicia

Camila Gómez murió por estrangulamiento, según las primeras investigaciones sólo unos minutos después de que ingresó al domicilio de Ana Rosa quien la habría invitado a jugar con una de sus hijas y que después negó que la niña haya llegado a su casa; instantes después de su muerte, los presuntos responsables pedían una recompensa de 250 mil pesos, decían que la pequeña estaba secuestrada.

La población, harta de la violencia que se vive en Taxco -y en todo Guerrero-, ató cabos y sacaron de su casa a Ana Rosa y a sus dos hijos, Axel Alejandro y Alfredo “N”, los dos sufrieron la misma suerte que su madre pero no murieron: uno presenta una fractura en el cráneo pero espera que sea dado de alta en las próximas horas, al otro lo operarán por una doble fractura en el brazo; ambos serán detenidos por su presunta participación en el feminicidio de Camila.

En este contexto que sacudió a todo el país, el alcalde de Taxco, Mario Figueroa Mundo, salió a declarar en una entrevista que la Policía Municipal actuó de acuerdo al protocolo y que por ello no llevaron a Ana Rosa a un hospital, sino a las instalaciones del Ministerio Público.

El alcalde agregó que los 6 uniformados que estaban ahí -en los videos se aprecia a más de una decena- fueron rociados con gasolina como manera de amedrentarlos para que no se llevaran a la presunta responsable de feminicidio infantil.

“Si la llevábamos al hospital no sabíamos la gravedad; los policías no tienen los conocimientos de un doctor; lo que pretendíamos era llevarla y resguardarla en el Ministerio Público para que (el agente) dijera lo que se debía de hacer (…) Si la llevábamos al hospital, la turba se iba a ir hacia allá y en el hospital no teníamos como protegerla”, declaró el alcalde en entrevista para Multimedios.

Las últimas imágenes que se tienen de Ana Rosa son a su llegada al Ministerio Público: policías custodian el cuerpo que yace en la batea de la patrulla 5704. Los gritos y llantos no paran. “No mereces estar viva maldita”, grita una mujer al ver que el pecho de la presunta feminicida infantil se expande y contrae.

“Camila merecía vivir” grita la misma voz al tiempo que cuatro policías le toman brazos y piernas y la bajan de la patrulla; los cabellos y la cabeza de Ana Rosa cuelgan hacía atrás, lleva los pies y el dorso desnudo. Esa es la última imagen de la mujer linchada por el pueblo de Taxco: entró con vida al Ministerio Público aunque el alcalde dice que “no sabe” dónde murió.


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