
En el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México se erige majestuosa la Catedral Metropolitana, una joya arquitectónica que encierra siglos de historia y devoción. Sin embargo, la pregunta sobre quién es el verdadero dueño y el responsable de su cuidado ha sido motivo de interés y debate.
En un contexto donde la fe y la historia convergen, la Catedral es una propiedad del Gobierno Federal, de acuerdo con fuentes gubernamentales. Sin embargo, su preservación no recae únicamente en manos estatales. Las autoridades eclesiásticas, junto con la comunidad religiosa, tienen una responsabilidad compartida en el mantenimiento y la administración de este ícono cultural y religioso.
Quién se encarga de mantenimiento de la Catedral
Al frente de esta labor se encuentra el padre Ricardo Valenzuela, quien ocupa el cargo de Deán de la Catedral. Su rol es crucial, ya que está encargado de la administración y el culto del templo, actuando como nexo entre las autoridades eclesiásticas y el cuidado diario de este patrimonio colonial.
Con una historia que se remonta al siglo XVI, esta imponente estructura no sólo es un símbolo religioso para los fieles católicos, sino también un monumento que atestigua la evolución arquitectónica y cultural de la Ciudad de México.

La dualidad en la titularidad de la Catedral, compartida entre el Gobierno Federal y la Iglesia, refleja la importancia cultural y espiritual que este edificio tiene para la nación. Es una muestra de la colaboración necesaria para mantener viva la historia y preservar un legado que trasciende generaciones.
Historia de la Catedral Metropolitana
En el corazón del Zócalo Capitalino, la majestuosa presencia de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México domina el paisaje, erigiéndose como un monumento emblemático que encierra una historia que se extiende a lo largo de cinco siglos.
Su construcción, que abarcó un extenso periodo desde 1573 hasta 1813, refleja un compendio de estilos arquitectónicos que marcaron la época novohispana y que hoy dan a esta obra su carácter de verdadera obra maestra.
El origen de esta imponente estructura se remonta a los albores de la conquista espiritual en México, cuando Hernán Cortés ordenó la construcción de la primera Iglesia Mayor en 1524. Esta primitiva edificación se erigió utilizando piedras provenientes de templos indígenas destruidos.

(Wikimedia/Patricia Alzuarte Díaz)
Con el tiempo, esta primera Catedral se volvió insuficiente para las necesidades de la creciente comunidad religiosa, y en 1573 se inició la construcción de la Catedral actual. Claudio de Arciniega, inspirándose en las catedrales de Segovia y Salamanca, trazó un diseño basado en las dimensiones y estructuras de estas, convirtiéndose en el modelo para la construcción de la Catedral de México.
A lo largo de su edificación, la Catedral atravesó obstáculos, como la suspensión de las obras durante seis años debido a una gran inundación que azotó la Ciudad de México en 1629. Sin embargo, el fervor y la dedicación persistieron, y en diferentes etapas durante los siglos XVII y XVIII, se llevaron a cabo dedicaciones y mejoras estructurales, incluyendo la obra de las torres campanario por el arquitecto José Damián Ortiz de Castro.
Evolución arquitectónica y espiritual de la región
El interior de la Catedral es un testimonio vivo de la evolución arquitectónica y espiritual de la región. Desde el Altar del Perdón, que resguarda la imagen del Señor del Veneno, hasta la Sacristía, una obra de arte de estilo gótico flamígero con pinturas de maestros como Cristóbal de Villalpando y Juan Correa, cada rincón cuenta una historia propia.
Los diferentes estilos arquitectónicos, como el herreriano, gótico, renacentista, neoclásico y barroco, convergen en este espacio sagrado, evidenciando la riqueza cultural que ha caracterizado a esta edificación a lo largo de los siglos. La Catedral no sólo es un monumento religioso, sino un museo vivo que alberga obras de arte de incalculable valor, como los órganos traídos de España y elaborados por destacados artesanos de la época.

Además, este emblemático templo cuenta con la cripta de los arzobispos, inaugurada en 1954, donde descansan los restos de estos líderes religiosos que han sido parte fundamental de la historia eclesiástica del país.
La Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, con su historia marcada por dedicaciones, remodelaciones y momentos significativos, sigue siendo un ícono tanto religioso como cultural que atrae a visitantes de todo el mundo y se mantiene como un testigo silencioso pero elocuente de la historia de México.
Sé el primero en comentar en"Quién es el dueño de la Catedral Metropolitana de la CDMX y quién es el responsable de cuidarla"