Especial para Infobae de The New York Times.
El presidente Vladimir Putin dijo que Rusia está peleando por su propia existencia en Ucrania al luchar contra un país que está conspirando con Occidente para destruir su nación. En programas intensos de entrevistas en la televisión estatal, la guerra se presenta como una continuación de la lucha de la Unión Soviética por sobrevivir ante la Alemania nazi.
Pero si la pelea es existencial, las acciones del Kremlin no confirman esa teoría. A seis meses de la mayor conflagración terrestre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, Rusia sigue peleando con un ejército que está prácticamente al nivel de los tiempos de paz, incluso pese a que los simpatizantes más ruidosos de la invasión claman cada vez más para que Putin declare una leva y ponga a su nación en pie de guerra.
El debate en torno a un llamamiento a filas se ha vuelto más urgente en las últimas semanas ya que Ucrania ha cobrado dinamismo en el frente sur y el asesinato de una comentarista ultranacionalista con un auto bomba en las afueras de Moscú ha magnificado las voces de los belicistas más radicales de Rusia. Para esos partidarios, el Kremlin —que sigue refiriéndose a la guerra como una “operación militar especial” e insiste en que todo “marcha según lo previsto”— está subestimando al enemigo y adormilando a la sociedad rusa con una falsa sensación de seguridad.
Putin, según todos los indicios, no quiere declarar una leva, con la intención de mantener una sensación de normalidad en las ciudades rusas y evitar cualquier reacción negativa pública. El martes, su portavoz, Dmitri Peskov, declaró en una conferencia telefónica habitual con periodistas que la “operación militar especial” continuaba “de manera metódica” y “de acuerdo con los planes”.
“Todas sus metas se cumplirán”, afirmó.
Esa necesidad de preservar una sensación de estabilidad interna refleja los límites del poder de Putin y, según algunos analistas, la superficialidad del apoyo a la guerra en Rusia. También ha hecho que las tensiones entre sus partidarios salgan a la luz, ya que algunos acusan al Kremlin de impedir que lleguen al campo de batalla los refuerzos que tanto se necesitan para preservar la complacencia ingenua de la clase media urbana.
En una entrevista telefónica, uno de los defensores más acérrimos de la invasión, Alexander Borodai, miembro del Parlamento que está a favor de Putin y que ayudó a liderar a los separatistas respaldados por el Kremlin en el este de Ucrania en 2014, dijo que era una “injusticia flagrante” que la vida en Moscú siguiera “como al inicio de la operación militar especial”.
“Están perdiendo su salud, a veces mueren”, comentó de las fuerzas rusas. “Pero todo el resto del país, por quienes pelea la gente en el frente, están viviendo una vida absolutamente relajada, y muchos creen que nada está pasando”.
Aunque el Kremlin emitió la semana pasada una orden para aumentar el tamaño de las fuerzas armadas con 137.000 efectivos, los analistas dijeron que parecía que Putin seguía con la intención de engrosar las filas mediante un reclutamiento agresivo en lugar de una conscripción a gran escala. Los hombres rusos de entre 18 y 27 años están obligados a prestar servicio militar durante un año, pero esos reclutas no se están enviando a Ucrania, según insisten las autoridades.
Borodai, que ahora dirige una organización de combatientes voluntarios prorrusos y dijo que suele estar en el frente, afirmó que estaba a favor de una conscripción que añadiera entre 300.000 y 500.000 soldados al campo de batalla. De lo contrario, expresó, las unidades rusas seguirían estando en inferioridad numérica frente a un Ejército ucraniano cuyas filas se han incrementado gracias a la leva, pues a los hombres ucranianos en edad militar se les prohíbe salir del país.
“La situación es tal que muchas veces vamos a la ofensiva cuando hay menos de nosotros y más del enemigo”, sostuvo. “Esto hace que la guerra se prolongue. El número de víctimas está aumentando en ambos bandos”.
Los dirigentes occidentales cada vez están más desconcertados por la decisión de Putin de no recurrir a la conscripción masiva. Los oficiales militares estadounidenses y británicos estiman que Rusia ha sufrido hasta 80.000 bajas en Ucrania, entre muertos y heridos, desde que Putin ordenó la invasión en febrero. Los mandos estadounidenses han manifestado en repetidas ocasiones que creen que la magnitud de las pérdidas de Rusia es tal que Moscú no podrá lograr su objetivo estratégico de hacerse con una mayor parte de Ucrania si no recurre a la conscripción.
Un analista político afín al Kremlin, Sergei Markov, dijo que la estrategia política de Putin era sencilla: “Dejar que la gente viva su vida”.
“Uno de los principales paradigmas filosóficos de Putin desde el inicio, cuando apenas llegó al poder, ha sido: dejar a la gente en paz”, explicó Markov en una entrevista telefónica. “Idealmente, casi no deben percibir esta operación militar especial. No debe afectar su vida de ninguna manera”.
En la práctica, cuando Putin emprendió la invasión, parecía haber violado su contrato implícito de dos décadas con los rusos, según el cual el pueblo ofrecía su pasividad política a cambio de un aumento del nivel de vida. Pero las sanciones occidentales no han logrado derribar la economía rusa; la represión de la oposición y de los medios de comunicación ha silenciado la disidencia; y aunque miles de rusos de clase media huyeron del país —en parte por temor a la conscripción—, muchos más se quedaron y trataron de preservar el statu quo.
El apoyo a la guerra es “tácito, pasivo”, comentó Denis Volkov, director del Levada Center, una encuestadora independiente en Moscú. “Yo creo que las autoridades entienden el humor y esta actitud muy bien”.
Los rusos prestan cada vez menos atención a la guerra, indicó. Cuando Levada pidió a los rusos en marzo que nombraran los acontecimientos recientes que más recordaban, el 75 por ciento mencionó la guerra de Ucrania; al hacer la misma pregunta en julio, lo hizo el 32 por ciento.
Aunque el Kremlin no está obligando a los ciudadanos rusos a luchar en Ucrania, sus fuerzas auxiliares en el territorio ucraniano ocupado por Rusia están presionando a los residentes locales para que participen en el combate. También está llevando a cabo una “movilización encubierta” que utiliza tácticas de reclutamiento agresivas, incentivos financieros y mercenarios para cubrir las carencias de personal.
Sin embargo, los analistas predicen que estas medidas serán insuficientes.
“Rusia está haciendo todo lo que puede para evitar la movilización”, afirmó Dara Massicot, investigadora principal de políticas en la Rand Corp. “Si el conflicto continúa a este nivel o se expande, con el tiempo, se les agotarán las opciones”.
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