
No obstante el resultado electoral, Bolsonaro ya ganó. Lula ha creado el Arca de Noé, según sus propias declaraciones, donde entran todos, incluso Geraldo Alckmin, volcado a la derecha liberal. ¡Este es el triunfo y este es el clima de los nuevos tiempos! Atrás ha quedado el Foro de San Pablo, el de Puebla, el “ALCA, al carajo” de Mar del Plata y Néstor, y todas las pavadas progresistas que ya no sirven para gobernar. Lula, al parecer, lo entiende, veremos su militancia “revolucionaria” qué hace en el caso de que su líder sea Presidente.
Las encuestadoras jugaron para la ecuanimidad
¿Un nuevo error de las encuestadoras o en Brasil hubo un engaño premeditado de los grupos de poder y de los medios de comunicación para influir en la tendencia del voto, previo al acto electoral? Quince puntos le sacaba Lula a Bolsonaro, afirmaban. ¡Ya perdió! ¡A seguir!
Además, esto era así porque el voto a Lula era un voto vergonzante, por aquel asunto de la corrupción, escribían. Disparate al cuadrado. Bueno, en Brasil algo salió mal. La idea de que a los gobiernos que atravesaron la pandemia les ha ido mal, aquí no ha pasado tanto. Como le gusta decir al periodismo ecuánime: la ultraderecha ha logrado una elección impensada. Y este caudal responde a ideas, independientemente del candidato, en tanto Bolsonaro no es un político que genere empatía. Es áspero y la sonrisa se dificulta en su rostro.
Su gobierno atravesó la pandemia, con críticas y dificultades, como todos, y llegó a la elección con el 43% de los votos, menos que en el 2018, porcentualmente, pero con más volumen de sufragios. La derecha popular ha ingresado al escenario de la política por la puerta grande. En Brasil, los medios sesgados al progresismo light advertían que no había que votar a Bolsonaro, pues era la cara del fascismo moderno. Los argentinos conocemos esto de acusar, previo al acto electoral, a un jefe político de nazi-fascista. Claro, esto se ha olvidado en la medida en que el peronismo ha caído en manos del kirchnerismo, que se asume de centroizquierda, algo ajeno, absolutamente ajeno, a Perón. En la Argentina, como en el Brasil moderno, los grandes medios de comunicación y los grupos empresarios estrechan filas si aparece un candidato de derecha con voluntad de poder y conexión popular. Tantos años de progresismo enquistado en los medios, en las universidades y en la gente bien pensante, han hecho de la inteligencia un reducto de almas bautismales poco afectas a una derecha que no cree en el relativismo moral.
Un sector del pueblo brasilero ha votado por los valores hoy encarnados por fuerzas políticas nuevas. La izquierda está de capa caída. De todos modos, conforma el natural juego de la democracia. Lo interesante para anotar y analizar es la polarización del electorado brasilero, no muy distinto del italiano o del norteamericano, por poner dos ejemplos. La izquierda se corre al centro, pero la polarización igual ocurre. Parece ser que la avenida del medio no estaría funcionando.
Habrá que esperar al balotaje para conocer el desenlace. De todos modos, anotemos: un candidato que fue preso, se levantó sobre sus ruinas y marchó a un acto electoral y un Presidente abiertamente de derecha han realizado una elección interesante. La izquierda siempre estuvo, la novedad es la derecha que no se avergüenza de serlo, proclama su posición y sus ideas, y se presenta a elecciones. Vamos bien.
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