En medio de un camino de barro hay un par de bolsas de cemento, una pala y una pequeña montaña de arena. En minutos un grupo de albañiles se dispondrá a preparar la mezcla, a pocos pasos de la canchita de fútbol que sobresale en uno de los extremos de la Villa 20 de Lugano. Hasta que se oye a alguien decir “ahí está”. Entonces un pequeño grupo de funcionarios y de vecinos se acerca a darle la bienvenida, mientras él baja unas escaleras sonriendo.
Como parte de una importante lista de actividades durante su visita al país, el sacerdote argentino Pedro Opeka, que se destaca por su labor en Madagascar con un imponente proyecto social para combatir la pobreza, saluda levantando las manos. De inmediato, comienza a transitar las calles de uno de los asentamientos porteños más populares.

Sonriente, lo primero que intenta el cura es charlar con los obreros. Les cuenta que él mismo fue albañil y que hacía ese mismo trabajo durante su adolescencia en la localidad de San Martín junto a su padre.
Poco después, conocedor, toma una pala y la hace girar en medio del cemento fresco. “Las palas argentinas son las mejores”, dice entre risas.

El sacerdote argentino, que en más de una ocasión fue mencionado como posible candidato al Premio Nobel de la Paz, llegó a la Argentina a comienzos de mes y, además de visitar a su familia, participó en los últimos días de distintas actividades sociales, entre las que se cuenta la visita que esta mañana realizó al llamado “Barrio 20”.
Acostumbrado a rodearse de personas humildes -en el país donde trabaja creó un pueblo prácticamente de cero sobre la superficie en la que antes había un enorme basural- camina rápido y saluda a todo aquel que se le cruza.

Cuando le proponen entrar a la cancha, no lo duda. “Pero no me hagan patear penales, prefiero los tiros libres“, bromea el hombre, que llevó hasta África su pasión por el fútbol y la incorporó como parte de su proyecto de inclusión social.
El grupo de chicos que juega un picadito detiene el juego y se dispone a dejar que el sacerdote intente con unos tiros al arco. Lo hace, pero uno de los chicos, un arquero avezado, ataja todas las pelotas.

Después de las fotos de rigor con los pequeños futbolistas, el cura sigue la marcha por los pasillos del asentamiento, rodeado de un grupo que va incrementándose con el correr de los minutos.
“No lo conocía pero me parece simpático el cura”, comenta a Infobae una vecina que se presenta como Eli. Al rato ella y otra joven le pedirán a Opeka si se pueden sacar con él una foto.
A media mañana, el sacerdote atraviesa un humilde portón ubicado en una de las calles principales del asentamiento: quiere saludar a los encargados del comedor comunitario Lorenza, donde un grupo de niños come en varias mesas con un gran televisor de fondo. El cura habla con una de las cocineras del lugar, que prepara guiso de lentejas para una multitud.

De inmediato, el hombre retomará la senda para dirigirse a otro de los puntos previstos de la jornada. Pero mientras camina esquivando charcos y pequeños montículos que le llenan de barro los zapatos, se acercan a saludarlo más vecinos. Al pasar por un puesto de empanadas, saluda a la joven que lo atiende y bendice al bebé que ella tiene en brazos.
Opeka habla poco durante el recorrido pero va escuchando con atención a quienes le cuentan sobre las necesidades del barrio, en el que se ven las casillas precarias rodeadas de cables y pisos de cartón. Según la ONG Techo, en 2013 en el asentamiento vivían cerca de 60 mil personas.

El sacerdote atraviesa luego un estrecho pasillo que deriva en un paredón. Para hacerlo debe esquivar una enorme montaña de residuos pero lo hace sin dudar, él conoce perfectamente ese tipo de obstáculos.
Hacia el final del trayecto, llega hasta el Polo Educativo de Lugano, donde lo espera otro grupo de gente. Entre otros, será recibido por el secretario General de Gobierno de la ciudad, Fernando Straface, quien le dará un diploma que lo nombra como “huésped de honor”.

“¡Hasta los perros te saludan!“, dice el funcionario porteño al tiempo que asegura que la visita de Opeka tiene la intención de trazar “más puentes entre Buenos Aires y Madagascar”.
Hacia el final de la jornada, le toca el turno de hablar al visitante. Contento por cómo fue recibido, afirma que para él fue “un gusto estar en la Villa 20”.
“Qué lindo sentirse hermano, rodeado de hermanos. Porque la humildad no es debilidad, es una fortaleza“, señala y brinda detalles de sus casi cinco décadas de trabajo en Madagascar.
“No debería haber villas en ninguna parte. Todas las familias deberían tener una casa digna, es un derecho de todos los ciudadanos“, sostiene.

Para finalizar, afirma que una de las premisas que se pueden leer en uno de los predios que tiene su Asociación Humanitaria Akamaso es “Lucha y oración”.
Entonces invita a todos a seguir adelante. “Nunca hay que bajar los brazos, no nos podemos dormir“, concluye.
Video: Lihue Althabe
SEGUÍ LEYENDO
Pedro Opeka, el cura argentino que lucha contra la pobreza en África y podría ganar un Nobel
FUENTE: INFOBAE NOTICIAS
Sé el primero en comentar en"El sacerdote argentino que combate la pobreza en África visitó un asentamiento de Villa Lugano"