
El Real Madrid fue un volcán y conquistó Nápoles. Se han empeñado los de Ancelotti en demostrar que son más fuertes que las circunstancias. Sin centrales disponibles en el banquillo, con un lateral reconvertido y sin delantero referencia, los blancos erupcionaron (2-3) en el Diego Maradona liderados por un Bellingham que tiene licencia para ser agente triple. Caía a banda para defender lo que dejaba pasar Vinicius, se convertía en el cerebro para dar salida a su equipo y aún así tenía tiempo para convertirse en falso nueve y ver puerta. Un gol suyo, otro de Vinicius, asistido por inglés, y el zapatazo de Valverde neutralizaron los tantos de Ostigard y Zielinski.
De Diego Armando Maradona se conocía todo. Su pasión por el balón, las milanesas de su madre y animadversión a los ingleses debido a la guerra de las Malvinas. Ante Inglaterra anotó el gol más famoso de la historia y se convirtió en el héroe nacional. Este martes, en su estadio, ante su Nápoles, un inglés que homenajeó al 10. Su nombre es Jude y apellido Bellingham. Lo hizo con una conducción de 40 metros, recorridos en nueve toques de potencia y calidad que acabaron en gol. Ningún jugador del Nápoles pudo detenerle.
Ancelotti, sabedor de su potencial, ha hecho todo lo posible por encontrarle acomodo. Ha cambiado su dibujo sin importar que una leyenda como Luka Modric, de nuevo suplente, sea damnificado. El croata no acaba de encajarle al técnico italiano en su rediseñado dibujo del que Bellingham es pieza fundamental. Volvió a multiplar sus esfuerzos para ocupar lo ancho del centro del campo. Rodrygo y Vinicius fueron la pareja ofensiva y Tchouameni formó en el mediocentro acompañado de Kroos y Valverde.
Fiel a la costumbre de esta temporada, el Real Madrid concedió un gol en los primeros compases. Esta vez no fue la defensa, sino el portero quien fue demasiado generoso. No había generado demasiado peligro el Nápoles más allá de los desmarques al espacio de Osimhen, pero en el primer saque de esquina Kepa se tragó el centro con efecto de Kvaraskhelia, Natan cabeceó al larguero y el rechace lo mandó a la red el otro central, Ostigard, también de cabeza. Al Nápoles, empujado por la caldera del Diego Maradona, le estaba funcionando el plan inicial.
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