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Cuando Novak Djokovic vio que la pelota de Daniil Medvedev quedó en la red, saludó a su rival y al umpire, levantó los brazos y se dejó bañar por la ovación. Lanzó la raqueta al aire, se arrodilló en el piso y se convirtió en una pequeña bola, arrollado en su emoción. El 6-3, 7-6 y 6-3 decretó la conquista de su cuarto US Open, del que se convirtió en el más longevo en ganar, con 36 años y tres meses. Y el Grand Slam N° 24 para su colección. Tamaño logro merecía un festejo a la altura. Y el siempre histriónico Nole se encargó de protagonizarlo.
Primero, se acercó a una de las tribunas, donde le acercaron a Tara, junto con Stefan, heredera del imperio del Serbio, producto de la familia que formó con la también tenista Jelena Ristic. Allí se fundió en un largo abrazo con la pequeña, y rompió en llanto. No se avergonzó por exhibir sus sentimientos: por el contrario, continuó dejando correr las lágrimas mientras recibía el cariño del público entre los sollozos.
Acto seguido, rodeado por agentes de seguridad, se acercó a una punta de las graderías y dio el salto. Comenzó a subir por las escaleras mientras recibía palmadas y pedidos de selfies, en una curiosa e inédita vuelta olímpica. Allí, cuando se encontró con su círculo íntimo, se estrechó en un abrazo con una celebridad: el actor Matthew McConaughey, protagonista de Interestelar y ganador del Oscar por Dallas Buyers Club, que vivió la contienda junto a sus seres queridos.
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* Las principales alternativas del triunfo de Nole ante Medvedev, que venía de eliminar a Alcaraz
En un court central repleto de estrellas de diferentes disciplinas, como Sting, Justin Timberlake, Leonardo Di Caprio, Nicole Kidman, la modelo Christie Brinkley, la figura del hockey sobre hielo Henrik Lundqvist, la celebridad de la TV internacional Martha Stewart y el comediante Jerry Seinfeld, McConaughey tuvo un lugar de privilegio.
Pero el raid del serbio no finalizó ahí. Tras la felicitación colectiva de su familia y amigos, se sentó en una platea como un espectador más, exhausto, y lo apantallaron. Luego, en su recorrida lanzó un grito estridente, que despertó una nueva ovación.
Aún faltaba otro paso en su espontánea y programada (en dosis iguales) celebración. Porque se acercó a su silla, se quitó cuidadosamente la remera y la reemplazó por una con la imagen de Kobe Bryant, el dorsal 24 (con el que el basquetbolista brilló a lo largo de su carrera en Los Ángeles Lakers), y la leyenda “Remember Bamba”.
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