
El problema de la educación pública en el Perú es tan longevo como el país mismo. Han transcurrido más de 200 años de discusiones, propuestas e intentos para construir un sistema que pueda beneficiar a todos los niños y niñas en formación, pero lo cierto es que este ha llegado solo a unos cuentos, tal como lo señaló a Infobae Perú la autora de “Desde el corazón de la educación rural”, Daniela Rotalde del Río.
Deficiencias en infraestructura, carencia de servicios básicos, falta de materiales, ausencia de autoridades, entre otros son algunos de los problemas que enfrentan las escuelas públicas en Lima, pero en otros miles de casos fuera de la capital, las dificultades son aún mayores. Para Rotalde, quien ha visto de cerca el caso de Áncash, “no imaginamos siquiera remotamente cómo son las condiciones del sistema educativo en las zonas rurales”.
Además de la poca presencia del Estado en las localidades alejadas de las áreas urbanas, la barrera burocrática no hace más que alargar la distancia entre ciudadanía y autoridades. El fenómeno se refleja en el plano educativo en el que diversos proyectos de mejora educativa no llegan a concretarse por los complicados procesos y la baja velocidad en su atención. “En el camino se pierde tanto”, recalca la gestora social.

La marcada distancia entre Lima y el resto del Perú puede poner en riesgo la vida e integridad de los estudiantes. Rotalde presenta como ejemplo el Sistema Especializado en Reporte de Casos sobre Violencia Escolar (Sí se ve) del Ministerio de Educación cuya normativa, regulación y protocolos son óptimos, pero que no ha logrado adentrarse en todas las instituciones educativas, sobre todo en aquellas en áreas rurales.
“Hay escuelas con pocos casos de violencia y parecen casos de éxito, cuando en realidad se está ocultando la realidad, esa que demuestra que no se ha llegado penetrar en dichos espacios. Exista una cultura vertical difícil de combatir en el que detrás de la idea de disciplina se esconde la violencia y el silencio de las víctimas. Los alumnos optan por no reportar casos que deben ser conocidos y atendidos”, dijo Rotalde a Infobae Perú.
Por otro lado, el Fondo Nacional de Desarrollo de la Educación Peruana es presentado como un caso de éxito. Las experiencias focalizadas en las UGEL y la participación de la Dirección Regional de Educación de diversos departamentos han logrado implementar planes educativos con visión de desarrollo. En el caso de Áncash se alcanzado un constante nivel de coordinación entre autoridades de todos los niveles.

“Hoy se tiene montado un sistema de monitoreo, evaluación y levantamiento de data conjunta de suma importancia para la región. Esto permite realizar comparaciones para así poner en marcha réplicas de ciertos programas en otras regiones”, agrega la especialista. El trabajo coordinado resulta crucial en semanas donde se ha revelado la circulación de drogas en diversas escuelas de Lima.
Servicio alterno
No son pocos los que se han sumado a Enseña Perú, el programa que recluta y capacita a profesionales para que puedan llenar las plazas de docencia vacías en diversas regiones del Perú. Si bien se trata de un servicio alternativo “su existencia contribuye, entre otras cosas, con la posibilidad de contar con más personal encargado de separar a los niños en la mayor cantidad de grados posibles y así el director pueda cumplir todas sus funciones”.
Rotalde reconoce que Enseña Perú no logrará por sí solo la transformación del sistema educativo, y por eso busca adentrarse en este para lograr cambios en las comunidades a las que llegan y fomentar el liderazgo colectivo.
“No solo se tiene en cuenta a aquellos que forman parte de la escuela, sino también al resto de la comunidad cuyas acciones y decisiones servirán para influenciar en la mejora del sistema educativo”, agregó la autora.

La promoción de una educación basada en competencias es una de las apuestas más importantes a tener en cuenta, según Rotalde. Sin embargo, entre las principales dificultades se encuentra la transición que deben hacer aquellos docentes formados en el magisterio. “Este promueve que estudiantes, universitarios y académicos puedan desempeñarse en diversas áreas”, indicó.
Al ser consultada sobre los principales errores que se cometen al formar a estudiantes, la autora resaltó “la especial valoración de la disciplina que muchas veces restringe al niño ser niño. La verticalidad, según lo presenciado, llega a desencadenar en frases y acciones violentas que no contribuyen a una formación segura de los menores. “Se trata de un tránsito que tenemos que hacer”.
“Una educación de calidad no es una acumulación de conocimientos sino una formación ciudadana de estudiantes”, dijo Rotalde a este medio para recalcar que el acceso a servicios básicos, la construcción de infraestructura apropiada y acceso a la tecnología son esenciales. “En las zonas más alejadas, donde no se suele tener estas facilidades, se puede transformar la experiencia educativa si primero se atienden las necesidades socioemocionales de los estudiantes”, complementó.
Cifras alarmantes

En las áreas rurales, el acceso a servicios básicos como el suministro de agua potable (68,9%), electricidad (78,9%) y saneamiento (44,7%) es escaso. Solo el 28,2% de la población rural tiene acceso a estos tres servicios en conjunto, en comparación con el 82,6% de las áreas urbanas (INEI: ENAHO 2016). El acceso a internet en las zonas rurales apenas alcanza el 1%, en contraste con el 30,2% en las áreas urbanas.
Las mujeres en zonas rurales presentan la tasa más alta de abandono escolar (8,6%) en comparación con los hombres (6%). El abandono de las estudiantes mujeres en áreas rurales se debe principalmente a “motivos familiares” o “responsabilidades domésticas” (38%), mientras que esta razón es menos frecuente en el caso de los hombres (7%) (INEI, 2015). En cuanto a los estudiantes que hablan una lengua indígena, se ha observado que la tasa de abandono es más alta (9,1%) (MINEDU, 2016).
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