“A mi hijo lo escondí durante seis meses”: Silvestre recuerda el dolor más grande, el asesinato de su bebé de un año a manos de su madre

Aunque sigue identificándose como José Luis Rodríguez se convirtió hace 53 años en Silvestre y no abandonó la música nunca más. Luego de enfrentar conflictivas separaciones que incluyeron escándalos mediáticos y el distanciamiento de sus hijos y nietos, el actor y cantante volvió a confiar en el amor, encontró refugio en Salta, y comenzó una nueva etapa que lleva ya 12 años.

“Yo jamás puse distancia con mis hijos”, afirma Rodríguez en una entrevista exclusiva con Teleshow donde revela un intento de acercamiento con todos sus descendientes hace 8 meses en el que conoció a su bisnieto, aunque no prosperó. Sin embargo, sí logró reencontrarse con su hijo mayor, Sebastián, y con su nieta Sol, con quien acaba de grabar “Reencuentro” el tema creado especialmente para grabar juntos y simbolizar esta nueva fase de su vida.

Con la mirada puesta en el futuro, ansioso por regresar a los escenarios y estrenar su primera película, Silvestre se abre en esta charla para hablar de todo, incluyendo los momentos más oscuros y dolorosos de su vida.

—¿Qué queda de ese nene que tan chiquitito empezó a hacer música?

—A veces miro para atrás y no lo puedo creer: 53 años de carrera como Silvestre. Tengo los mismos sueños que tenía a esa edad. Las mismas ganas. No sé si el mismo talento porque el talento cuando uno es chico es algo natural pero cuando arma una carrera ya es una mezcla de talento y oficio.

—¿Cómo era tu familia en ese momento?

—Mi abuelo paterno, don Alfonso fue el que me enseñó a cantar a los 4 años. Era una persona maravillosa, autodidacta. Muy culto. Me sentaba en sus rodillas y me enseñaba a cantar canciones en catalán o en gallego. Y después mi viejo y mi vieja que me apoyaron siempre.

Silvestre cantante
Silvestre lleva 53 años de carrera

—Era una época en la que costaba más tal vez que los padres apoyaran el recorrido artístico.

—Es el día de hoy que los padres cuando aparece un hijo y les dice: “Voy a ser músico”, la pregunta es: “¿y de qué vas a trabajar?”.

—¿Te acordás cuándo ganaste tu primera plata importante?

—No la gané cantando. La gané dibujando. Yo dibujaba muy bien de chico y cuando nos mudamos un publicista que vivía en Liniers se entera de mi existencia y me cita en la casa, yo tenía 10 años. Me dice: “¿A ver, hacé esto?” Le hago lo que me pide. Me dice: “Venite mañana” y me dio para pintar hojas de celuloides de un dibujo animado que después salió en televisión, de unas pastillas para el hígado. Me acuerdo del jingle.

—Y te pagó.

—Ese fue mi primer trabajo y me pagó para mí una fortuna. Me acuerdo que lo vestí a mi hermano. Le regalé a mi mamá un tapado de astracán. A todo el mundo. No sabía qué hacer con la plata.

—¿Terminaste de estudiar?

—No porque a mí me contrata Music Hall, sello discográfico, y era menor de edad. Tenía que optar, o cantaba o seguía estudiando. Mi mamá con un lagrimón me acompañó y firmó. Salió el disco y ni bien salió ya empecé a trabajar.

—Empezás a trabajar, empezás a crecer, y te quiero preguntar con muchísimo respeto, solo lo que vos quieras contar, vos eras muy chico y tuviste que enfrentar la muerte de tu hijo.

—Sí, tenía 19 años. Para mí fue una trompada tan fuerte que quedé grogui más de un año. A mí me salvó mi trabajo. Creo que el contacto con la gente, que te obliga a estar bien arriba de un escenario, eso fue la mejor terapia que tuve después de ese acontecimiento tan grave.

Silvertre - Familia
“Mi primera plata la gané dibujando”, asegura el actor y cantante

—Es enloquecedor el dolor que viviste vos tenías un bebé de un año y meses.

—Un año y tres meses.

—Y quien era la mamá de tu bebé lo mata a él y mata a su otro hijo.

—A su propio hijo.

—Y después se suicida.

—Sí.

—Vos en algún momento habías tenido la tenencia de tu bebé.

—Sí, ella tenía problemas psicológicos gravísimos que yo me empecé a dar cuenta tarde. Le pagué el psiquiatra más caro de Buenos Aires. La llevaba, la traía. Me acuerdo como si fuera hoy que una vez la voy a buscar, yo siempre la esperaba abajo en el auto, subo, entro al consultorio, espero en la sala de espera. Sale Marta y detrás sale el psiquiatra y me mira y la mira a Marta. Claro, yo era más chico. Me dice: “¿Vos sos el marido de ella?” Le digo que sí. Y el tipo hace un gesto que me quedó para toda la vida. Mal por él porque tendría que haber tenido una charla conmigo. No lo hizo. No puede revelar el secreto profesional pero ante un acontecimiento como ese.

—Ante una situación de riesgo puede pedir la internación, por supuesto.

—Hubiera sido vital que el tipo dijera: “Señores, esta señora no estaba bien”. Yo jamás la culpé eh.

—¿No?

—No. Jamás le guardé rencor a Marta. En un momento de lucidez. Ya estábamos separados por algunos incidentes. Ella escribe una carta de puño y letra reconociendo lo mal que se sentía, lo mal que estaba, y entregándome a mi hijo para que se venga conmigo. Y yo en ese momento vivía con ella o la casa de mi vieja. Me fui con mi hijo a la casa de mi vieja. A la semana se presenta y hace una denuncia por rapto. No voy a entrar en detalles, la Justicia argentina tiene falencias que realmente son lamentables. Cuando está de por medio la vida de alguien es lamentable. Un juicio civil, un juicio por dinero no pasa nada, pero cuando está de por medio la vida de una persona, sea de un año y medio o de 90 años, creo que la Justicia tiene que apretar las tuercas y ponerse las pilas. A todo esto yo a mi hijo lo escondí durante cinco, seis meses en casa de distintos amigos porque me allanaban buscándolo.

—A Matias.

—Sí. Hasta que descubren el lugar donde estaba, se lo llevan. Y al mes o a los quince días, recibo una llamada de Marta a las once y media de la noche, me dice: “José, vení a buscar al nene”. Le digo: “No, a esta hora no, iré mañana”. “No, pero vení”. “No, a esta hora no voy. Mañana a la mañana voy”. A la mañana mi abogada me dice: “Andate con dos testigos”. Llegué tarde. Lamentablemente llegué tarde.

—¿Vos encontraste esa situación?

—Sí. Muy dura. Todavía tengo la foto del cuadro que vi y, bueno, aquí estoy. He sobrevivido a ese momento tan duro.

—¿Hiciste terapia en ese momento?

—Nunca hice terapia. Que me perdonen los psiquiatras y terapeutas, no creo.

José Luis Rodríguez Silvestre
Silvestre hoy, abriendo su corazón a los dolores de su pasado

—¿Qué te sostuvo en ese momento? Yo siento que no me levanto nunca más.

—Me sostuvo mi trabajo. En esa época trabajábamos de miércoles a domingos y todos los días dos, tres shows. Eso me sostuvo y algunos amigos que estaban a mi lado.

—Porque en paralelo que pasaba eso tan terrible la carrera iba en ascenso.

—En ascenso, sí. Sí. Son esas tragedias cómicas que uno a veces tiene que enfrentar en la vida.

—¿Se puede soltar esa imagen?

—No. Está en el rígido que todos tenemos. No es que todos los días estoy pensando en eso porque me volvería loco. Recuerdo que el comisario que intervino en el tema me llevó al departamento de policía donde él tenía su oficina, yo estaba shockeado, y el tipo se portó como un padre para mí. Viste que los policías en general son gente dura. El tipo no lo podía creer, me acuerdo mucho.

—Hay que decir que ella no muere en el momento, muere estando internada.

—Ella pide ir al baño, ya estaba recuperada. Desarma al custodia que tenía y se suicida.

—Todo muy doloroso.

—La realidad supera a la ficción. Si yo escribo algo es como para no creer.

—¿Cómo viviste el próximo embarazo algunos años después?

—Con mucha alegría. Todos los embarazos de mis mujeres los viví con mucha alegría. Yo soñaba de chico ser amigo de mis hijos más que un padre, por eso quise ser padre de joven.

—Eras muy joven.

—Sí. Por suerte tengo mi hijo Sebastián, que fue mi primer hijo, que hoy tiene 53 años.

Silvestre cantante familia
Silvestre con su hijo Sebastián y su nieta Sol, con quien comparte la pasión por el canto

—¿Es el papá de la nieta con la que vas a cantar?

—Es el papá de Sol mi nieta, con la que acabo de grabar hace poco.

—¿Con Sebastián es con quien te reencontrás en su adolescencia?

—Sí, me reencontré en su adolescencia. Tuvimos un problema con la madre, una divina, nunca un problema con ella, pero bueno, me reencontré cuando él tenía 16. A partir de ahí se quedó a vivir en casa, y en mi última separación cayó en la volteada de toda la familia que se disgregó y estuvimos sin hablarnos, culpa mía, lo asumo, casi diez años. Hasta que un día suena el teléfono: “¿Qué haces viejo”. “¿Seba?” “Sí”. “¿Qué te pasa?” “A mí nada, ¿y a vos?” “A mí tampoco me pasa nada”. “¿Por qué no me llamaste?” “Y qué sé yo, no sé, yo pensé que estabas en otra onda”. “No, yo estoy lejos de esa parte, nada que ver. ¿Sabías que tenés una nieta que canta?” Le digo: “Quién. Sol”. Yo la había dejado de ver cuando era una enanita de 9 años. Me acuerdo que me dice: “Va a cantar en tal lugar tal día”. Le dije: “Voy, de paso te veo a vos”. Llegué, me reencuentro con mi hijo, nos abrazamos, charlamos.

—¿Cómo es reencontrarte con un hijo que no ves hace diez años?, que en su infancia también no lo habías visto un montón de años.

—Maravilloso porque Sebastián es una persona que maneja el sentido común y el no rencor con excelencia. Es un hombre cabal. No tenés que leerlo entre líneas. Es un tipo totalmente auténtico, sincero, buena gente. A mí me dolió mucho cuando tomé la decisión de alejarme un poco de esa parte de mi familia porque él cayó en la volteada. Y fue un error mío, lo reconozco.

—¿Por Sebastián o con todo el resto también?

—Con Sebastián en especial. Fue un abrazo y es como si hubiéramos dejado de hablar hace quince minutos. Nada. Ningún reproche, nada.

—¿Y ver a esa nieta en el escenario?

—Me senté en la última fila con él, y de pronto veo que sale una mina, la presentan y le digo: “¿Esa es Sol?” “Esa es Sol”. No sabés lo que es, una belleza de mujer. Y cuando empezó a abrir la boca y a cantar dije: “No, no lo puedo creer”. Terminó el show, nos abrazamos y obviamente con todos los músicos de ella, para los músicos de ella que son jovencitos soy un dinosaurio ¿no?

Silvestre cantante
Silvestre con su actual pareja, Patricia

—¡Maleducados!

—(Risas) Total. Estuvimos hablando de música, de arreglos, de profesores de canto, de todo. Ella una esponja. Entonces le dije: “¿Querés que escriba una canción para que grabemos juntos?” Me dice: “Ya”. Bueno, dame un rato. Me volví a Salta y al mes me senté y escribí “Reencuentro”.

—¿Y ese reencuentro no te dio ganas de activar el reencuentro con el resto de los hijos y de los nietos?

—Yo estoy totalmente abierto. No fui yo el que puso distancia. Yo jamás puse distancia con mis hijos. Jamás.

—¿Estás abierto si llaman ellos pero no querés dar el primero paso, no querés llamar?

—Es complicado. Los temas familiares son complicados. Tengo una hija maravillosa que es Florencia, la hija de Patricia, que es como mi hija. Es una divina. Tiene 23 años, ya se recibió de contadora pública nacional y está en cuarto año de ingeniería agrónoma. Es una luz y la adoro.

—Contás este reencuentro con Sebastián y pensaba en este que soñaba ser papá.

—Hoy es mi amigo Sebastián, que era lo que yo quería.

—Tuviste una bebita que murió a los muy poquitos días, tu primera hija mujer.

—Sí, nació prematura. A la madre le habían aconsejado reposo total porque tenía problemas de prolapso. No entiendo mucho de la medicina de la mujer, pero hacía lo que quería, nunca se cuidó. La nena nació prematura y lamentablemente falleció.

José Luis Rodríguez Silvestre
Silvestre hoy, abriendo el corazón a los dolores del pasado

—Qué dolores tan grandes.

—Ese fue un dolor muy, muy grande porque recuerdo que donde nació no tenían la aparatología para atenderla. No tenían una buena incubadora.

—Una buena neo.

—Enseguida pedí una ambulancia y yo hice el traslado de la nena. Arriba de la ambulancia con una nena a un lugar que ahora no me acuerdo cuál es.

—Pero aparte vos venías del dolor de Matías, ¿dónde entra tanto dolor?

—Y bueno, es parte de la vida ¿no?

—Por eso te preguntaba habiendo vivido esas cosas tan tremendas y ese deseo enorme de ser papá y de ser amigo de tus hijos, ¿crees que se puede dar ese reencuentro hoy qué tenés un montón de nietos?

—Seis o siete, sí

—Y un bisnieto.

—Y un bisnieto.

—¿Lo conoces a tu bisnieto?

—Sí. Porque hubo hará ocho meses atrás un intento de reencuentro familiar que quedó ahí en el aire flotando. Hubo cosas que no me gustaron y quedó ahí latente.

—¿Cosas que cuesta sanar todavía?

—Sí. Cosas muy duras. Sobre todo cuando vienen de tu propia sangre.

—Sin conocer la historia por supuesto y queriendo ser muy respetuosa ojalá en algún momento puedan por ese papá que soñaste ser.

—Ojalá por supuesto. Es mi deseo. Hoy por hoy están bastante alejados.

—¿Por la que a vos te tocaba pediste disculpas? Siempre hay dos partes, uno siempre un pedacito tiene.

—No, yo con ellos nunca tuve inconvenientes. Hay cosas externas que uno no puede manejar. La otra parte de una pareja uno cuando se separa no la puede manejar. Aclaré un montón de cosas con quien me fustigó durante 33 años de mi carrera que es el periodista de espectáculos más conocido, más controvertido, más todo, que se llama Luis Ventura. Con Luis me senté después de una aparición lamentable de mi primera ex mujer, me senté: “Acá tenés esto. Lee. Esto es lo que pasó. Estos son los documentos”, yo no salía a defenderme. Él me echó en cara eso, pero estaban mis hijos de por medio. Igual a lo largo de todos estos años hay mucha gente que nunca compró las barbaridades que se decían de mí. He recibido infinidad de mensajes de apoyo.

—¿Cuál fue la telenovela que sentís que te cambió?

—Cambió mi vida y mi carrera Los cien días de Ana.

—¿Cómo te llaman para esa novela?

—Yo estaba haciendo Amor sin barreras, y Andrea del Boca va una noche a ver al teatro. Termina la función y viene el director, Fernando Heredia, que yo lo había pedido porque cuando acepté el trabajo dije: “Chicos, yo no soy actor. Esto lo puedo defender cantando, pero necesito un director de actores”, y contrataron a Fernando Heredia que nos hicimos amiguísimos. Cuando termina la función viene a mi camarín, me dice: “Che, ¿te animás a hacer televisión?” “Si yo hago televisión”. “Sí, como cantante, pero como actor nunca”. “¿Cómo actor querés que haga televisión?” “Sí, como actor”. “¿Y qué es?” “Vinieron a verte y hay una señorita muy famosa que te pidió como galán”. Le digo: “¿Quién?”. “Andrea del Boca ¿Te animás?” “¿Vos decís que yo lo puedo hacer?” Me dice: “No solamente creo que lo podés hacer, lo vas a hacer muy bien y además yo voy a dirigir.” Eso ya me dio una tranquilidad y le dije: “Bueno, está bien”. “Toma el libro, leelo, y me gustaría que escribas toda la música de este especial”. Yo no la conocía a Andrea. No nos habían presentado. Me fui a casa, leo el libro y el personaje de Andrea se llamaba Ana. Y ahí escribo Ana yo no soy tu príncipe azul. Después de hacer Los cien días de Ana inmediatamente me contratan para hacer La verdadera Eva en Puerto Rico.

—¿Qué recuerdos o qué balance hacés de la época con Andrea?

—Cuatro años divinos. Maravillosos. Lindísimos. Muchos momentos que quedarán en mi memoria para siempre. Era divina Andrea.

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Silvestre con Patricia, una postal de su nueva vida

—¿Y en Salta hace cuánto estás y cómo fue que te instalaste?

—Hace doce años. Un día aparece una imagen que me llamó la atención y creo que yo mandé un: “Hola” o recibí un “Hola”, no recuerdo exactamente, y ahí se inicia una conversación.

—Con Patricia.

—Con Patricia.

—O sea, te fuiste a Salta siguiendo un amor.

—Sí, en realidad estuvimos cuatro, cinco meses hablando hasta que, me pasó el teléfono y hablábamos horas por teléfono. Yo me había quedado a vivir en Mar del Plata, porque me había separado y me quedé allá.

—Esto fue cuando vos te separaste de Verónica.

—Sí, cuestión que quedamos en encontrarnos en Buenos Aires, el primer encuentro fue algo lindísimo pero raro. Un encuentro de dos personalidades, Patricia tiene un carácter muy especial. Divina, pero tiene un carácter fuerte, y yo también, acuariano loco, dragón (risas), que te sale fuego por la boca. Quedamos en hacer un viaje juntos.

—Así de la nada, de primera cita a nos vamos de viaje.

—De ese café que tomamos y de esa primera noche juntos.

—Se ve que había resultado bien, porque si no era muy arriesgado lo del viaje.

—Sí, totalmente. A los diez, quince días armamos un viaje juntos al Sur. Me enseñó a esquiar y estuvimos quince días juntos, volvimos, yo para Mar del Plata, ella para Salta. Hasta que un día me llama y me dice: “Cumple años Florencia”.

—La hija.

—Florencia cumplía 10 u 11 años. Me acuerdo que agarré el auto, pasé a buscar a un amigo de ella por Capital y me fui a fondo 2.000 kilómetros en auto.

—Que ganas de ir al cumpleaños (risas).

—Cuando llegué estaban todas las compañeritas de Flor que se sabían de memoria una canción que yo le había escrito a Patricia. Había un equipo ahí y me puse a cantar la canción. Florencia se pone a cantar conmigo y todas las compañeritas cantando la canción junto conmigo. Además de la gente grande. Fue un momento maravilloso. Pasó el cumpleaños y había que tomar una decisión. Así que café de por medio ella por su trabajo no se puede mover de Salta.

—¿Qué hace?

—Ella es funcionaria. No podía abandonar Salta. Entonces yo dije: “Bueno, hoy por hoy con las redes yo de pronto mi carrera la puedo manejar y tomé la decisión”.

—Cuando contás esa escena del cumpleaños y te brillan los ojitos, ¿sentís que venías golpeado y que necesitabas esa caricia?

—Sí, venía muy golpeado. Golpeado mal. y fue como: “Tengo que seguir con mi vida”. Fue replantearme, entender que no puedo encasillar a la gente, hay gente buena. Y Patricia es una persona maravillosa, generosa. Me apoyó desde el primer momento. También soy un agradecido a Salta que me abrió las puertas.

—Tenés tu programa de tele allá

—Sí, empecé en Canal 11 de Salta haciendo un micro pequeño hasta que me llamó el dueño del canal federal más importante del país que es Multivisión Federal y me dice: “Vos no podés hacer un micro. Silvestre en Salta tiene que tener su programa. Acá tenés el canal, qué querés hacer”. Empezamos a cranear un formato y ahí arrancó Silvestre en la noche.

—Se viene tu primera película.

—Sí, hice mi primera película. Dirigida, escrita, producida con mis ahorros. Al INCAA no le pedí un peso.

—¿Actúas vos también en la película?

—También protagonizo yo. Es una historia muy picante. Habla del negocio de los laboratorios. Habla de la droga. Habla de la trata de personas. Habla de la Iglesia Católica.

—Ah, livianita.

—Y además yo hago de cura. Es muy picante.

—Y ahora andás yendo y viniendo porque grabaste, ¿arrancás full con los escenarios de nuevo?

—Sí. Estoy trabajando con unos amigos, la idea es venir desde el interior y desembocar en un teatro acá en calle Corrientes haciendo un recital.Estoy con las mismas ganas que cuando estaba en Análisis de volver a cazarme mi Telecaster, tocar con mis músicos y encontrarme con la gente.


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