Jaime Bayly: "Una puta elegante y veterana"
Estábamos tan cómodos en Lima que no fue fácil partir a Buenos Aires. Lima tiene un oculto poder narcótico que te seda, envuelve, embruja y paraliza: ya no quieres irte, sobre todo porque llegar al aeropuerto es un descenso a los quintos infiernos. Todas las querellas y reproches a la ciudad se disuelven cuando sales a comer y te permites un banquete francamente obsceno. Lima no te atrapa por los ojos, sino por el paladar. Lima es un estado de ánimo: no hay tristeza o aflicción que no se cure visitando uno de sus grandes restaurantes. Toda congoja se interrumpe comiendo en Félix o Rafael o Astrid y Gastón. Es una terapia corta, eficaz, que prescinde de las palabras. ¿Por qué queríamos ir a Buenos Aires a pasar los últimos días del año? Podría decir que tenía algunas reuniones más o menos importantes, y no mentiría. Pero la verdad es…