En primera persona: la palabra en el certificado de defunción de María Marta García Belsunce que lo cambió todo
Mañana del 28 de octubre. Creo que no pude dormir; no pegué un ojo… Nos levantamos temprano para volver a Carmel. Me llama John, mi hermano. Insiste con sus dudas. Le parecía raro que María Marta se hubiera resbalado… ¡con las zapatillas puestas! En realidad, para mí, eso no tenía sustento… Yo creía que se había tropezado con el escalón que está antes de la bañadera. Nunca pensé en un resbalón… John me dijo que había hablado con el gordo Carlos (Carrascosa), y si yo podía conseguir un forense. Le dije que sí, por supuesto, y lo llamé a Casafús para que me mandara uno… –Te lo mando –me contestó. Mi segundo llamado fue para avisarle a mi amigo Juan Martín Romero Victorica (en aquel tiempo fiscal de la la Cámara de Casación), que conocía y apreciaba mucho a María Marta. –En un rato voy para Carmel –me dijo. Llegó…