Mercosur: de las dictaduras a la integración regional a través del comercio

Combo de fotografías de archivo cedidas por Mercosur que muestra a los presidentes Fernando Collor, de Brasil; Andrés Rodríguez, de Paraguay; Carlos Menem, de Argentina, y Luis Alberto Lacalle, de Uruguay, durante la firma del Tratado de Asunción, con el cual se fundó oficialmente el Mercosur, el 26 de marzo de 1991, en Asunción (Paraguay). EFE/Mercosur
Combo de fotografías de archivo cedidas por Mercosur que muestra a los presidentes Fernando Collor, de Brasil; Andrés Rodríguez, de Paraguay; Carlos Menem, de Argentina, y Luis Alberto Lacalle, de Uruguay, durante la firma del Tratado de Asunción, con el cual se fundó oficialmente el Mercosur, el 26 de marzo de 1991, en Asunción (Paraguay). EFE/Mercosur
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Asunción, 24 mar (EFE).- Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay firmaron el 26 de marzo de 1991 el Tratado de Asunción con el que pusieron en marcha la creación del Mercado Común del Sur (Mercosur), una idea que comenzó a fraguarse una década antes entre los dos gigantes sudamericanos y que buscaba la integración regional y la inserción del bloque en el mundo a través del libre comercio.
Durante los años 80, Argentina y Brasil buscaron un acercamiento de sus economías, más allá de los intentos regionales, que se materializó con la Declaración de Iguazú de 1985.
El entonces presidente argentino, Raúl Alfonsín (1983-1989), y su par brasileño, José Sarney (1985-1990), decidieron dar “un giro estratégico a esa relación no favorable que había en la región”, explicó a Efe el viceministro paraguayo de Relaciones Económicas e Integración, Raúl Cano.
Antes de que Argentina y Brasil apostaran por ese impulso, los cuatro futuros miembros del Mercosur ya habían integrado otros proyectos de unión a través del comercio, como la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (Alalc), creada en 1960, o su heredera, la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), fundada en 1980.
Alfonsín y Sarney fueron un paso más allá y vieron en la aproximación económica y comercial de la región un camino para el desarrollo de sus países.
“Logran acercarse entendiendo que los países latinoamericanos, y especialmente el Cono Sur, si superábamos esa visión de hipótesis de conflicto, tendríamos mejores condiciones para crear políticas públicas orientadas a nuestros ciudadanos. De ahí surge esta idea de la conformación de un mercado común”, recordó Cano.
INTEGRACIÓN Y RENUNCIA
Argentina y Brasil también iniciaron contactos con Uruguay que, al igual que Brasil, había puesto fin a su dictadura militar en 1985, mientras que en Argentina el régimen había terminado dos años antes.
En febrero de 1988, Alfonsín y Sarney invitaron al presidente uruguayo de la época, Julio María Sanguinetti (1985-1990), a formar parte de ese Mercosur que empezaba a dibujarse.
El cuarto miembro del futuro mercado común, Paraguay, todavía tuvo que esperar un año más, hasta la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), para que sus vecinos le ofrecieran sumarse a las negociaciones.
Durante 1990, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay compaginaron la consolidación de sus jóvenes democracias con las conversaciones para sacar adelante un mercado común que les posicionara en el mundo y dejara atrás los periodos dictatoriales.
A lo largo de ese año, el presidente argentino Carlos Saúl Menem (1989-1999), el brasileño Fernando Collor de Mello (1990-1992), el paraguayo Andrés Rodríguez (1989-1993) y el uruguayo Luis Alberto Lacalle Herrera (1990-1995) abordaron el proceso de integración y la elaboración del texto del Tratado de Asunción.
El reto de la integración comercial sentaba a la mesa a dos países con hiperinflación y economías cerradas, como eran Brasil y Argentina, con un mercado abierto, como el de Uruguay, y otro incipiente, como el de Paraguay, que reivindicó un trato especial por su condición de país sin salida al mar.
“Todo proceso de integración implica renuncia (…) con un objetivo estratégico de crear las condiciones para buscar la integración y la justicia social. Esta es la forma en la que nosotros entendemos que los países más grandes, más poderosos económica y políticamente, deben tener una mirada de cooperación y de solidaridad para los países pequeños”, subrayó el viceministro Cano.
DE LA INTEGRACIÓN COMERCIAL AL DESARROLLO SOSTENIBLE
La mañana del martes 26 de marzo de 1991, aterrizaron en Asunción el argentino Menem, el brasileño Collor de Mello y el uruguayo Lacalle Herrera para encontrarse con su homólogo paraguayo, Andrés Rodríguez.
En el centro cultural del Banco Central del Paraguay, los cuatro presidentes y sus respectivos cancilleres firmaron el Tratado de Asunción y abrían una nueva etapa en la integración sudamericana.
El Tratado establecía como objetivos fundamentales la libre circulación de bienes, servicios y factores de producción entre los cuatro países signatarios, y fijaba también las etapas de transición para alcanzar el arancel cero dentro de la zona y el arancel externo único en 1995.
Ese 26 de marzo de 1991, los cuatro miembros del Mercosur apostaron por un camino de integración que no tenía retorno, dijo entonces Ménem, y decidido a superar las barreras nacionales, el proteccionismo y las discriminaciones, como apuntilló Collor de Melo.
Lacalle también defendió esta asociación en favor de la prosperidad para sus cuatro pueblos, mientras que Rodríguez apeló a una solidaridad real y una efectiva cooperación internacional.
El Mercosur, que entonces englobaba a 180 millones de ciudadanos, representa 30 años a después a una población de más de 295 millones de personas y se enfrenta todavía a muchas tareas pendientes para definir un “desarrollo armónico, socialmente incluyente y sostenible, que es un imperativo ético para los ciudadanos del Mercosur”, agregó el viceministro Cano.
Noelia F. Aceituno



FUENTE: INFOBAE NOTICIAS

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