El día a día de los indígenas miskitos que luchan por subsistir en Nicaragua

Más de medio millón de indígenas miskitos, distribuidos en unas 350 comunidades, viven en el Caribe nicaragüense de los frutos de la tierra, la pesca y el comercio, sobre una extensa región en la que conservan su lengua y formas ancestrales de organización.

La defensa de sus tierras frente a la amenaza de invasores es para ellos una cuestión de vida o muerte, afirma Roberto Labonte, de 56 años, de la comunidad miskito de Sagnilaya.

Sagnilaya es una apacible aldea de más de mil habitantes que viven en humildes casas de madera rodeadas de árboles frutales y animales domésticos.

Dependen de la naturaleza para comer y se abastecen de agua en una quebrada cercana.

Ahí, las miskitas lavan la ropa y los utensilios de cocina con el cuerpo sumergido en el agua hasta la cintura, mientras uno que otro niño juega y se baña desnudo en la quebrada.

Todos los días, los nativos salen temprano a trabajar a sus tierras de uso comunal al otro lado del río Wawa, el cual atraviesan a nado o en pequeños botes de madera.

Hacia el atardecer, regresan cargados con bolsas de arroz y tubérculos que luego llevan por un camino de piedra hasta la comunidad, donde las mujeres pasan la tarde pilando arroz con grandes mazos.

Cuando los aldeanos necesitan dinero venden parte de su cosecha en el mercado del puerto de Bilwi, cabecera de la Región Autónoma del Caribe Norte, a donde viajan en el autobús que pasa una vez al día por Sagnilaya.

Asisten a las iglesias morava, donde entonan amenos cantos religiosos en miskito. Los niños de primaria se educan en una escuela bilingüe, mientras que los alumnos de secundaria viajan en bicicleta a recibir clases en una aldea cercana.

Se rehúsan a abandonar sus parcelas a pesar del temor que les infunden grupos armados a los que llaman “colonos”, porque dicen que en su mayoría no han sido educados para vivir en las ciudades.

La ley de autonomía de 1987 reconoce el derecho de las comunidades caribeñas a conservar sus tierras ancestrales -que cultivan en comunidad-, así como su cultura y formas de organización.

La autoridad es ejercida por una asamblea comunal y un Wihta (juez) que vela por el aprovechamiento racional de los recursos de la comunidad.

Los españoles no pudieron colonizar a estas aguerridas tribus del Caribe, donde el protectorado británico ejerció una fuerte influencia hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando la Costa Atlántica pasó a formar parte del territorio de Nicaragua.

bm/mas/lda



FUENTE: INFOBAE NOTICIAS

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