Una transformación de la educación

UniCABA ya no es más una intención macabra de desfinanciamiento de los institutos de formación docente (IFD) ni un capricho político del jefe de Gobierno, ni una pantalla para tapar alguna realidad que duele, ni una excusa para cerrar instituciones educativas que hacen mal su tarea. Todos esos argumentos, esgrimidos en forma insistente y de muy mal modo por muchos actores educativos durante un año entero, quedaron enterrados el 22 de noviembre pasado, cuando la Legislatura aprobó un proyecto de ley con un articulado tan claro como sencillo. Ya no se puede argumentar lo que la ley no dice o, mejor dicho, no se puede obviar lo que expresa.

La ley de la formación docente del sistema educativo y creación de la Universidad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como se tituló el proyecto y despacho, propuso, en síntesis, dos cosas: crear un sistema de coordinación y visibilización del trabajo de formación docente en la Ciudad, y crear una universidad nueva que colabore en la tarea de formar docentes, profesores y profesionales para el sistema de enseñanza pública de la Ciudad. La aprobación de la ley, por lo tanto, dio nacimiento a prácticas e instituciones que la Ciudad carecía, sin afectar al resto de los actores. Por el contrario, y pensando en los tan ruidosamente defendidos IFD, ambas creaciones de la nueva ley resultan herramientas sumamente útiles de las cuales estos se pueden valer.

El artículo 7, por ejemplo, enuncia que se arbitrarán los medios para “diseñar, desarrollar, coordinar e implementar una política de evaluación del sistema de formación docente en su conjunto y de los IFD”. ¡Qué excelente oportunidad para demostrarles a la sociedad y a los contribuyentes de la ciudad autónoma que los IFD trabajan tan bien como se insistió largamente durante este proceso! ¿Acaso alguna mente maliciosa podría dar una interpretación negativa a este texto, que solo pretender fijar estándares de calidad elevados, acordes con el desafío de época, y luego demostrar a la sociedad que se alcanzan? Si los estándares fijan el rumbo, y los estándares elevados producen una dinámica virtuosa entre todos los actores, entonces, ¿por qué tanto berrinche? No se comprende.

Por su parte, el artículo 30 de la ley menciona que se promoverá “la articulación entre la UniCABA y los IFD” y que esta tomará forma a través de ciclos de complementación curricular, convenios de cooperación para alumnos y docentes, investigación y prácticas educativas. ¿A esto se hace referencia cuando se dice que esta ley buscar cerrar los IFD? ¿Acaso alguien puede darle a este texto una lectura que indique de alguna manera que la nueva universidad finalmente absorberá a los IFD? No se entiende.

De cualquier manera, la etapa del debate de ideas ya quedó atrás. Bien o mal, con o sin respeto, prácticamente todas las voces involucradas en el tema dieron su parecer, y eso finalmente convergió en un proyecto que días pasados se convirtió en ley. Ahora toca recorrer un nuevo camino. Ahora toca convertir esos 31 artículos sencillos y claros en herramientas e instituciones habilitadoras de nuevos diálogos, recorridos y logros.

La educación pública de la Ciudad y del país necesita mejorar sus logros de aprendizajes. Lo dicen los Operativos Aprender, las pruebas PISA y las mediciones de Unesco. Nadie es ajeno a esta realidad y problemática, y nadie debería distraer energía y recursos en discutir nimiedades, o en concentrar la atención en problemas educativos o pulseadas de segundo o tercer orden. Lamentablemente, somos testigos y actores de una sociedad que arrastra muchas carencias, no solo en el campo educación sino en muchos otros órdenes. Sin embargo, a pesar de ello, estamos llamados a actuar con diligencia y precisión, con coraje y convicción, dando prioridad a algunas acciones por sobre otras. En este sentido, la educación en general y la formación de nuestros docentes en particular son un área de absoluta prioridad para nuestro gobierno, y por eso esta ley.

Celebro con entusiasmo que, a través de esta ley, nos hayamos encontrado, hayamos aprendido los unos de los otros, nos hayamos escuchado, aunque sea un poco. Celebro que inauguremos una nueva etapa en donde, entre todos, comenzaremos un nuevo recorrido histórico.

Daniel Dennett, un evolucionista neurocognitivo, dijo hace unos años: “Tenemos muchas instituciones, costumbres, hábitos, tradiciones, que sobreviven a su utilidad. Pueden haber sido útiles en algún punto, y algunos ítems culturales están excelentemente diseñados para beneficiarse… a sí mismos. Son construcciones culturales que viven de nosotros, no nos hacen ningún bien y solo son buenos para hacer más copias de sí mismos”. Celebro que volvamos a poner al proceso de formación docente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires al servicio de los alumnos y no de sus propios administradores.

Desde nuestro bloque y gobierno tenemos la certeza de nuestra intención a través de este proyecto: evolucionar, enriquecer la oferta educativa de la Ciudad, apuntalar las acciones y la política de Estado en nuestra jurisdicción para hacer de la formación docente local una actividad estratégica para este y para cualquier gobierno futuro. Esa es nuestra intención, ahora debemos recorrer juntos esa construcción, con todos los actores.

El autor es legislador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



FUENTE: INFOBAE NOTICIAS

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