Dinero, poder y topos: la trama oculta del FIFAGate

El escándalo que hoy pone patas para arriba al fútbol sudamericano en general y el argentino en particular no empezó ayer, cuando declaró como testigo arrepentido en la Justicia norteamericana Alejandro Burzaco, ex hombre fuerte de la empresa Torneos y mano derecha de Julio Humberto Grondona.

La punta del ovillo que descubrió la mayor estructura de corrupción que se recuerde en el mundo del balón hay que buscarla el 2 de diciembre de 2010, día en que Grondona cometió un error impropio para un dirigente que había sobrevivido a todos y todas. En esa jornada debían designarse las sedes de los mundiales 2018 y 2022. El primero correspondía por rotación a Europa, cuyo último torneo databa de 2006, en Alemania. Pujaban España, con nulas chances, Inglaterra, favorito de la Comunidad Económica Europea, y Rusia, de donde provenía el dinero sucio que estaba comprando clubes y jugadores de todo el mundo, especialmente de Sudamérica, dejando cuantiosas comisiones para dirigentes e intermediarios en el medio. Y ganó Rusia, claro.

El segundo era para América o Asia. Allí peleaban Estados Unidos y Qatar. Los yanquis creían que era suyo por dos motivos. Uno, geopolítico: después del rival de siempre, vendría el de ellos, más espectacular. El segundo, económico: todas las grandes empresas los apoyaban y el soccer, como allá le dicen al fútbol, ya no era un deporte de minorías como en 1994, ocasión del primer Mundial, sino una fuente de ingresos cada vez mayor. Tal era la importancia estratégica que el país del norte le daba a la chance de ser sede, que era el mismísimo Bill Clinton quien encabezaba el comité organizador y estaba presente en aquel congreso de FIFA para sacarse la foto sonriente con la bandera y la designación detrás.

Joseph Blatter, presidente de la FIFA desde 1998 hasta 2015 -cuando fue suspendido en su cargo por los casos de corrupción- junto a Julio Grondona

Pero Grondona, en pleno “in your face” del ex presidente estadounidense adjudicó a Qatar la sede del Mundial 2022. Quizá creyéndose ya intocable, quizá por el afán de lucro desmedido o por la gula del poder, lo cierto es que desairó a la mayor potencia del planeta y encima lo hizo, según las denuncias de entonces ratificadas ahora por Burzaco, mediante el pago de suculentas coimas para adjudicar el torneo al país asiático. Fueron 85 millones de dólares los que se habrían repartido por esa sede.

Meses después, la venganza norteamericana se puso en marcha. Decididos a hacer pagar la afrenta, empezaron a investigar a quienes le habían votado en contra y dieron con Chuck Blazer, ciudadano norteamericano y hombre fuerte de la Concacaf con negocios poco santos en toda la región.

Descubrieron que su fuente mayor de ingresos venía de las coimas para entregar derechos deportivos a las cadenas de televisión y le ofrecieron un trato: ser el topo del FBI hasta hacer caer a toda la cúpula de la Conmebol, con Grondona a la cabeza.

Blazer aceptó, como en las películas de Hollywood se puso micrófonos ocultos cual segunda piel y empezó a grabar a todos sus colegas. El primer resultado se conoció el 27 de mayo a las seis de la mañana cuando la Policía Suiza hizo una histórica redada en el hotel Bar au Lac de Zurich encarcelando a buena parte de los dirigentes. Aquel día, Burzaco tuvo la fortuna o un sexto sentido de levantarse temprano y ver el movimiento inusual de policías cuando fue a desayunar. Entendió que algo no estaba bien, se camufló y escapó por los Alpes rumbo a Italia.

Alejandro Bruzaco, el ex Ceo de Torneos, declaró ante la Corte Fderal de Brooklyn: “A Grondona le llevábamos los dólares en efectivo (…) o se lo dábamos a su secretario privado, o a su chofer, o se lo depositábamos en una financiera (…) Alhec Tours”

Meses más tarde, negoció su entrega bajo dos circunstancias: un consejo de su hermano, Eugenio, ex jefe de la Policía Porteña y actual hombre fuerte del ministerio de Seguridad que lidera Patricia Bullrich, quien le avisó que su vida corría riesgo; la otra fue pactar contar todo lo que sabía y entregar pruebas, a cambio de no ir a prisión.

La fiscal general de Estados Unidos, Loretta Lynch, aceptó y Burzaco, hombre clave de todo el entramado de corrupción generado por Grondona, abrió la caja de Pandora. Primero en privado y esta semana en público, en el tribunal federal de Brooklyn, donde en medio del juicio a tres dirigentes sudamericanos se explayó sobre cómo sobornaba para obtener los derechos de televisión de los máximos acontecimientos continentales de fútbol. Y nombró a dirigentes, empresas, cuentas bancarias, paraísos offshore y hasta ramificaciones con el Fútbol para Todos que se enriqueció ilegalmente, mientras el fútbol argentino se empobrecía casi hasta su muerte.

De su relato ante la Justicia hay dos delitos bien separados: uno llamado FIFAGate y que involucra a todos los dirigentes sudamericanos y otro que se vincula específicamente a ese aparato sin control que nació en 2009 bajo el nombre de Fútbol para Todos.

Jorge Delhon y Pablo Paladino: Burzaco señaló que cobraron cuatro millones de dólares en coimas

Sobre este último, Burzaco afirmó que pagó 500.000 dólares por cabeza y por año entre 2011 y 2015 a Jorge Delhon (quién se suicidó tras hacerse público su nombre) y a Pablo Paladino, que era el coordinador del programa.

Torneos se había quedado fuera del FPT junto al Grupo Clarín en 2009, cuando la AFA decidió rescindir el contrato que los unía hasta 2014 y firmar la cesión de derechos de TV con el Gobierno. Pero misteriosamente en 2011 Torneos volvió al ruedo, de la mano de Grondona y tras una reunión de éste en Casa Rosada con Carlos Zannini, el ex secretario de legal y técnica de la presidencia y verdadero factótum del programa junto a Máximo Kirchner, tal como reconoció el propio Paladino. Hasta entonces era la productora kirchnerista La Corte, de los hermanos Monzoncillo (que en 2015 vendieron mayoría accionaria a Cristóbal López) quienes hacían toda la transmisión.

Desde 2011, Torneos volvió para producir toda la B Nacional con River a la cabeza y comercializar derechos internacionales del fútbol argentino más producción de Primera División. Si hubo coimas para lograr regresar al negocio deberá desentrañarlo la Justicia argentina, aunque no suena improbable a juzgar por la historia conjunta de Burzaco y Grondona por un lado y las investigaciones sobre la obra pública del gobierno K por el otro.

Pero sosteniendo esa hipótesis, ¿las coimas serían para funcionarios de rango menor como los dos mencionados por Burzaco o el espiral iba hacia arriba? Será tarea a develar seguramente por el juez Daniel Rafecas y el fiscal Gerardo Pollicita, que tienen desde 2015 una causa por lavado de activos y defraudación a la administración pública contra Burzaco y otros empresarios del fútbol entre quienes destacan Hugo y Mariano Jinkis, de la sociedad Full Play, causa que no mostró avances consistentes en estos 24 meses aunque ahora, a la luz de los hechos, parece reactivarse.

Es que la Justicia argentina tiene cierta morosidad cuando se trata de investigar al fútbol. Mientras algunas causas se archivan o no avanzan -como la que cerró el juez Canicoba Corral en 2013 contra Julio Grondona por dinero presuntamente ilegal por 30 millones de dólares-, la que sí avanzó con apoyo oficial fue la causa Fútbol para Todos que tiene procesados a algunos dirigentes como el ex presidente de la AFA, Luis Segura, y al ex jefe de Gabiente, Jorge Capitanich. Paladino allí consiguió su sobreseimiento gracias a la Sala II de la Cámara Federal que con los votos del hoy suspendido juez Eduardo Freiler y Leopoldo Bruglia lo desvincularon del caso.

Burzaco admitió que a Grondona le pagaron 15 millones de dólares en ul banco suizo Julius Baer por los derechos de los mundiales 2026 y 2030

Lo que pueda pasar de aquí en adelante es incierto. Burzaco dio detalles de pagos ilegales a dirigentes de todas las empresas vinculadas al fútbol por casi 200 millones de dólares. Fox Sports, Televisa, O Globo, Torneos, Traffic entre otras. El objetivo era quedarse con los derechos de los eventos deportivos continentales y mundiales y de esa manera asegurarse el lugar preeminente en las transmisiones televisivas de todo América, generando un negocio gigantesco publicitario y de reventa de derechos a los Estados.

¿Se podrá recuperar ese dinero? Burzaco admitió que a Grondona le pagaron 15 millones de dólares en el banco suizo Julius Baer por los derechos de los mundiales 2026 y 2030. El banquero Jorge Arzuaga contó seis meses atrás que él fue el vehículo para transferir ese dinero a cuentas asociadas a Don Julio, una de ellas presuntamente a nombre de Genaro Aversa, su yerno, un florista de Sarandí que tuvo la suerte de enamorarse de la hija de Grondona y de crear una familia propia y pasar a formar parte de la otra familia, hasta el punto de montar la empresa Constructora Deportiva S.A., que remodeló la mayoría de los estadios del país con costos importantísimos.

No estaría de más, también, que por ejemplo se hurgue sobre por qué la Televisión Pública argentina pagó por transmitir los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y la Copa América de Chile 2015 la suma de 19 millones de dólares mientras la nueva administración consiguió los derechos para los Juegos de Río y la Copa América de Estados Unidos de 2016 en sólo 2,5 millones.

Hay mucho para investigar si la Justicia argentina tiene ganas. Más cuando el propio Burzaco aseguró que con todas estas maniobras entre 2005 y 2015, ganó 30 millones de dólares. Su fianza en Estados Unidos fue de 20 cuando se acogió al programa de testigo arrepentido. Se verá si le sirve para acortar la pena por sus delitos prevista en más de 50 años, a una reclusión de apenas 15 meses, tal como plantea su defensa.

Y mientras esto sucede en la tierra, allá arriba un hombre celebra su timing para irse justo antes que el emporio que había armado se derrumbe como castillo de naipes.

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FUENTE: INFOBAE NOTICIAS

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