8 Claves para salir de la zona de confort, el desafío de los que buscan superarse

Salir de la zona de confort se presenta como un gran desafío (Shutterstock)
Salir de la zona de confort se presenta como un gran desafío (Shutterstock)

Por Paola Florio
Después de 8 años y medio como vicepresidente de Recursos Humanos de Coca-Cola, Alejandro Melamed renunció a su cargo. Nadie comprendía por qué dejaba un puesto anhelado por la mayoría de sus colegas. Su respuesta fue clara: necesitaba salir de la zona de confort.

¿Qué lleva a una persona a dar un volantazo en pleno éxito? La necesidad de encontrar algo más. El propio Melamed lo explica: “Estaba en un lugar de privilegio, 17 años en una compañía donde mucha gente quería trabajar y en un puesto al que muchos aspiraban, pero, después de tanto tiempo, me di cuenta de que cuando estoy cómodo entra a jugar mi incomodidad. Mi zona de confort es mi zona de disconfort. Y necesité salir a buscar otros caminos, difíciles, complejos, desconocidos, pero apasionantes, porque la búsqueda es lo que te da la vitalidad y la posibilidad de despertarte permanentemente”.

Para muchas personas, la decisión de Alejandro es impensada. Así no sean felices en el lugar en el que se encuentran, jamás moverían una pieza del tablero de sus vidas por miedo a equivocarse. No importa si les agrada o no el presente. Es lo conocido, lo que no causa esfuerzo, aquello a lo que aprendieron a resignarse, lo que les asegura la tranquilidad de vivir en piloto automático.

Mecánicamente, piden siempre el mismo gusto de helado, asisten a los mismos eventos, escuchan la misma música y se jubilan trabajando en un solo lugar. Mientras que, para otros, esa adrenalina del “no saber lo que viene” es lo que los mantiene activos.

Nuestra zona de confort nos da abrigo y nos hace sentir seguros, pero eso mismo que nos protege también puede causarnos daño. Acomodarse significa estancarse, no buscar nuevos estímulos, nuevos retos. Por eso es importante ser valiente, olvidarse del miedo a lo desconocido y salir de ese lugar para buscar nuevas emociones y aprendizajes.

Sería bueno preguntarnos: ¿alguna vez me quedé con ganas de hacer otra cosa o de probar alternativas, de innovar? Esa respuesta sincera es el mejor termómetro personal.

“Cuando estamos en zona de confort repetimos ciertas prácticas, conductas, hábitos, salir de ahí implica buscar nuevas oportunidades, lugares, contextos. Si asumimos riesgos, aparece la chance de aprender. Hay que entender una teoría que se llama ‘la paradoja del éxito’: cuando a la gente le va bien no cambia alegando ‘¿por qué debería cambiar si me está yendo bien?’, pero si se comenten errores y no se cambia nunca, seguiremos repitiendo también esos errores. Este aprendizaje puede llevarnos a entender que salir de la zona de confort y asumir riesgos es la forma de crecer, de innovar, de aprender, de hacer las cosas distintas”, asegura Melamed, hoy también escritor (tiene varios libros editados por Planeta) y columnista de radio en Perros de la Calle. Lanzarse a la aventura parece tentador, pero hay que decidir si estamos dispuestos a intentarlo, con sus pro y sus contra.

Lanzarse a la aventura parece tentador, pero hay que decidir si estamos dispuestos a intentarlo, con sus pro y sus contra. (Shutterstock)
Lanzarse a la aventura parece tentador, pero hay que decidir si estamos dispuestos a intentarlo, con sus pro y sus contra. (Shutterstock)

¿Vale la pena?

“Todo lo que queremos está más allá del miedo”, asegura Daniel Colombo, motivador y Master Coach Internacional, autor de 21 libros. “En el momento exacto en que te dirigís desde tu zona de confort al límite con tu expansión, aparece el miedo. Si decidís avanzar, hay algo grandioso esperándote: nuevas experiencias, relaciones, personas que enriquecerán tu vida, y el sentido de logro. La noticia no tan buena es que, una vez que incorporás lo nuevo en tu vida, eso mismo extiende tu zona de confort, pasa a ser parte de lo cotidiano y ahí debes volver a empezar”, explica el especialista, que también se refiere a las recompensas que da animarse a moverse pasando nuestros propios límites y condicionamientos internos: fortalecerse y liderar nuestra vida; descubrir aspectos nuevos en nosotros mismos y en los demás; sentir el “yo puedo” en primera persona; dejar de criticar a los demás, porque estaremos enfocados en nuestros logros y objetivos; inspirar al resto; incorporar rápidamente conocimientos y experiencias; aprender a tomar riesgos calculados; mejorar la autoestima; disminuir el estrés; no depender de la opinión de otros y, especialmente, sentirnos motivados en todo momento.

“Una vez que te entrenás lo suficiente en moverte de la zona cómoda, pasando por la de aprendizaje y hasta la de valentía, llegás a una zona óptima, donde tu vida empieza a sonar como una orquesta muy bien afinada. Con altibajos como suele suceder, aunque sin trabas que te impidan conquistar todo lo que te propongas”, alienta Colombo.

Él mismo tuvo que reinventarse hace algunos años: tenía una consultora de prensa muy exitosa hasta que en 2012 pasó un mes en coma por una falla en sus riñones. Ese episodio lo llevó a hacer un gran cambio en su vida, se reinventó, capitalizó toda su experiencia, la reformuló y comenzó a escribir libros, dar conferencias y se convirtió en un facilitador en procesos de cambio.
Animarse, parecer ser la palabra clave. Dar el salto inicial y poner el cuerpo. “Van a surgir escollos, pero hay que reconocerlos, entender y fundamentalmente, aprender. Es un ejercicio de aprendizaje constante y permanente, y lo importante no es que aparezcan o no dificultades, sino cómo las vamos superando. Hay que asumirlas con la misma integridad y comprender que el proceso también es el resultado”, aconseja Melamed.

Plan de acción

Trazar un plan, tener un norte, siempre es bueno y clarifica el horizonte. No es cuestión de renunciar mañana al trabajo, sino que se puede empezar por cambiar cosas pequeñas que nos molestan sin alterar por completo nuestra rutina.

Poder sumergirnos en nuestros deseos: dónde queremos estar, qué nos gustaría hacer, cómo nos visualizamos en escenarios potenciales, en otras experiencias. Podemos arrancar con una libreta y una lapicera y comenzar a anotar qué es lo que realmente queremos para nuestra vida.

Daniel Colombo nos guía en este recorrido:

1- Definí la meta. No la dejes sólo como un sueño: es muy importante escribirla, detallarla, sentirla y vivirla “como si” ya la estuvieses obteniendo.
2- Empezá por un pequeño movimiento. Da un paso a la vez: no intentes quemar etapas.
3- Registrá cómo vas avanzando, aunque sea más lento de lo que quisieras.
4- Date una recompensa, un pequeño premio, por estar en movimiento.
5- Si llegás al límite de tu zona de confort y no te animás a traspasarla por miedo, reconocé que el miedo es una fantasía motivada por una expectativa aparentemente real. Si decidís contraerte y no expandirte, es tu elección: nadie más tiene responsabilidad sobre tu actitud.
6- Si las cosas no salen en los primeros intentos, depende exclusivamente de cada uno seguir activando y accionando. La mayoría de las personas abandonan al haber fracasado sólo dos veces; los que tienen éxito lo logran luego de haber fracasado cientos de veces.
7- Tu actitud interna es fundamental y determina tu probabilidad de éxito.
8- Moverte y salir de la zona de confort es incómodo: sólo lo logran los que tienen su meta tan clara y enfocada, que nada los detendrá.

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FUENTE: INFOBAE NOTICIAS

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